« Banalizzazione dei discorsi che uccidono » da Geert Hoornaert

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Un’internazionale transatlantica della xenofobia si installa. Il linguaggio che parla si riassume in una pedagogia dell’odio. C’è il noi, e c’è il loro; c’è il qui, e c’è l’altrove; c’è il dentro e c’è il fuori; ci sono gli amici, poi i nemici; quelli che si conoscono, e gli stranieri. Con queste parole, essa pretende di descrivere solo i dati più immediati dell’esperienza; non pretende di parlare: non fa che tradurre l’ordine imminente delle cose che, a loro volta, prescrivono una politica inesorabile.  

La parola politica oggi ha delle conseguenze dirette sui corpi di migliaia di persone. Perché alcuni discorsi non servono più a frenare, ma a provocare una violenza, mentre la mascherano. L’eufemizzazione è di ritorno, insieme ad altre perversioni delle lingue che i nostri totalitarismi brandiscono. Non si espone nessuno alla morte, no no: si gestiscono i flussi migratori.

Si gestisce, e sotto coercizione della dura Necessità. L’ordine delle cose costringe, e la politica non è che l’interprete fedele di tale ordine. Ma se sono queste le cose che parlano, e se la fatalità detta la politica, la circolazione libera della parola, anima della democrazia, non ha più ragione d’essere. La politica allora ha un solo compito da portare a termine: promuovere il consenso; solidificare il senso comune; tradurre le necessità del momento al popolo; sottometterlo alla “forza maggiore”, che sarà l’Uno che regolerà la complessità senza speranza del mondo.

Il parlare politico si sforza allora di cancellare il punto da cui parla. Questo punto è legato a ciò che Freud identificava come un reale: ciascun individuo è, notava, abitato da un desiderio di dominare l’altro, di sottometterlo, ucciderlo, fargli violenza [1]. È a partire da questo punto che ciascuno dovrà posizionarsi, e costruire la propria maniera di deviare tali pulsioni dal cammino della realizzazione. È qui che un compito intrapsichico raggiunge le poste in gioco di una civiltà. Ma il divario tra pulsione e civiltà è ridotto, alla fine ci sono solo le parole a tenerlo aperto. Esse importano dunque, e non poco: la storia dimostra che sono perfettamente capaci di liberare il peggio, mentre lo giustificano con il Bene.

Oggi, alcuni nemici della civiltà tuonano di nuovo a gran voce le loro “soluzioni” invariabilmente irrespirabili. Ci tengono a far credere che in quel che dicono, loro non c’entrano affatto. Non fanno che tradurre le necessità del momento che l’ordine coercitivo delle cose impone [2]. Questo cancellamento del posto da cui si parla ci dà la neolingua di oggi. Nelle parole, il male banale s’insinua e si espande.

Perché il male non si banalizza mai da solo. Ci vuole tutto un linguaggio per questo, che prepara il terreno spazzando via gli ostacoli [3]. Esso dirà, instancabilmente, che al posto delle nostre scelte, è la Necessità che parla. E che ciò di cui la Necessità parla, sono le cose, non gli uomini. Questo stile è diventato onnipresente. Si cancella la funzione della parola e si distrugge il campo del linguaggio, per seminarvi solo dei messaggi – neutri, banali, feroci. Come negli ospedali psichiatrici belga, dove, in nome dei diritti del paziente, lo si informa, in tutta neutralità certo, che esiste una procedura di eutanasia per “sofferenza psichica insopportabile”; info di cui il paziente sarà libero di fare quello che vuole, a condizione che si astenga dal vederci una suggestione.

Questa neolingua sta per ricoprire tutte le faccende umane; oggettivazione dell’intimo, andando dalla valutazione al lavoro all’intrusione statale nelle psicoterapie; cosificazione della sfera pubblica ridotta a un’arena da gestire; segregazione dello straniero al fine di rinchiudersi in un tra-sé barricato, che sarà a sua volta oggettivato. I discorsi sulle ondate migratorie sono così accoppiati con l’ingiunzione di purificarsi il ‘sé’: i tempi richiedono che la cosa umana acconsenta al sacrificio di ciò che le è proprio. Ed è così che disumanizzando l’altro, si arriva a cosificare sé stessi.  

[1]     S. Freud, Il Disagio della civiltà (1930).

[2]     Vedere J.-Cl. Milner, La politica delle cose, Edizioni ETS, 2016. 

[3]     Vedere, p.es., V. Klemperer, LTI. La lingua del terzo Reich. Taccuino di un filologo, 2008.

 

Traduzione Laura Pacati

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« Banalización de los discursos que matan » por Geert Hoornaert

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Una internacional trasatlántica de la xenofobia se instala. El lenguaje que habla es simple, sus fórmulas se resumen a una pedagogía del odio. Estamos nosotros y están ellos; hay aquí, y hay allí; hay dentro, y hay fuera; hay los amigos y luego los enemigos; los que conocemos, y los extranjeros. Con estas palabras, pretende describir únicamente los datos más inmediatos de la experiencia, pretende no hablar: solo traduce el orden inminente de las cosas que, a su vez, prescriben una política inexorable.

La palabra política, que siempre ha tenido, como toda palabra, la función de contener la violencia física, tiene hoy consecuencias muy directas sobre los cuerpos de miles de personas. Y es que algunos discursos sirven, no ya para refrenar, sino para provocar esta violencia, a la vez que la ocultan. La eufemización está de regreso, emparejada con las otras pervertizaciones de las lenguas manejadas por los dos totalitarismos del S XX. No exponemos al prójimo a la muerte, no, no: gestionamos los flujos migratorios.

Gestionamos, y bajo la restricción de la dura Necesidad. Así, las elecciones y las decisiones se presentan como fatalidades; el orden de las cosas restringe, y la política no es más que la fiel intérprete de este orden. Pero si son las cosas las que hablan, y si la fatal necesidad dicta al político, la circulación libre de la palabra, alma de la democracia, no tiene ya razón de ser. La política no tiene ya más que una tarea que realizar: promover el consenso; solidificar el sentido común; traducir las necesidades del momento al pueblo; y así sometida a la “fuerza mayor”, será el Uno que pondrá orden en la desesperante complejidad del mundo.

El hablar político se esfuerza entonces en borrar el punto desde el que habla. Ese punto está ligado a lo que Freud identificaba como un real material de cada sujeto humano: cada individuo está, decía en su Malestar en la cultura, habitado por un deseo de dominar al otro, de someterlo, de matar, de violar[1]. A partir de este punto, cada uno deberá posicionarse, y tendrá que construir su forma de desviar sus pulsiones destructivas de los caminos de la realización. Es aquí donde la tarea intrapsíquica se une con las grandes cuestiones en juego en una cultura, en una civilización. Aunque la separación entre pulsión y civilización es estrecha. Y finalmente únicamente las palabras la mantienen abierta. Por eso importan, y no solo un poco: sus efectos sobrepasan ampliamente la transmisión de los mensajes a los que las teorías de la comunicación las quieren reducir. La historia demuestra que son perfectamente capaces de liberar lo peor, justificándolo con el Bien. Que el delirio hitleriano haya podido llegar a ser una política realista, decía Orwell en 1940, se debe ciertamente en parte gracias al financiamiento de la industria pesada; pero los bonzos nunca habrían sacado sus carteras si Hitler no hubiera hablado antes, y hablado mucho, hablado hasta que se hubiera creado, con sus palabras, un increíble movimiento de masas[2].

Hoy, enemigos de la civilización vuelven a ocupar lo alto de la tribuna, y vociferan sus “soluciones” invariablemente irrespirables y persecutorias. Quieren hacer creer que en lo que dicen, ellos no tienen nada que ver. No hacen más que traducir fielmente las necesidades del momento que el orden restringente de las cosas impone[3]. Este borramiento del lugar desde el que se habla nos da la neolengua de hoy. Habla con palabras de un solo paradigma que se impone en todos lados: problema-solución[4]. Inmigración, inseguridad, subida de la violencia, pérdida de referencias; cada desafío al que los saberes clásicos han dejado de responder, se traduce por “problema” que debe, a su vez, generar una “solución” de la cual lo ideal sería el ser definitiva. Basta con constatar que este paradigma se desprende más de una técnica de gestión de los cuerpos que de una política de seres hablantes[5] para que podamos pensar que la forma up to date de una banalización del mal se refugia y se extiende en y por este paradigma.

Porque el mal nunca se banaliza él solo. Necesita todo un aparataje de lenguaje para conseguirlo, que prepare el terreno barriendo los obstáculos[6]. No se necesita jefe para ello; basta con hacer creer que en lugar de nuestras elecciones, habla la Necesidad. Y que aquello sobre lo que la Necesidad habla, no son humanos, sino cosas. Este estilo se ha vuelto omnipresente. Se borra la función de la palabra y se reduce el campo del lenguaje, para no sembrar más que mensajes – neutros, banales, feroces. Vemos este estilo obrando en los hospitales psiquiátricos belgas, en los que en nombre de los derechos del paciente, se le informa, en toda neutralidad, por supuesto, que existe un procedimiento de eutanasia por “sufrimiento psíquico insoportable”; información con la que el paciente será libre de hacer lo que quiera, a condición de abstenerse de ver en ello una sugerencia.

Esta neolengua informacional está recubriendo todo el espectro de las cuestiones humanas; objetivación de lo íntimo, yendo desde la evaluación en el trabajo hasta la intromisión del Estado en las psicoterapias; cosificación de la esfera pública, reducida a una escena de gestión; segregación del extranjero para encerrarse en un entre-nosostros atrincherado, entre-nosotros que será a su vez sometido a una objetivación de lo íntimo. Los discursos sobre las olas de inmigración son así emparejados con el mandato de purificarse a sí mismo: los tiempos exigen que la cosa humana consienta al sacrificio de aquello que es suyo. Y así es como, deshumanizando al otro, llegamos a cosificarnos nosotros mismos.

¿No es esa dimensión propiamente humana la que está desertando de Europa?

Traducción: Itxaso Muro Usobiaga

 

[1]   Freud S., Malaise dans la civilisation, (1930).

[2]   Orwell G., Review of Mein Kampf by Adolf Hitler, unabridged translation, New English Weekly, 21 March 1940, repris, dans Politics and the English Language, Penguin books 2103

[3]   Voir Milner, J.-C. La politique des choses, Verdier, 2011

[4]   Milner J.-C., Les penchants criminels de l’Europe démocratique, Verdier, 2003.

[5]   Milner J.-C., Pour une politique des êtres parlants, Verdier, 2011.

[6]   Voir, p.ex., V. Klemperer, LTI

 

« La forza della parola » da Dominique Holvoet

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Il titolo del prossimo Forum Europeo Zadig (1) che si terrà a Bruxelles il 1° dicembre, « I discorsi che uccidono », può sembrare scioccante. Insomma: una parola ha mai ucciso qualcuno ? Come lo ricorda Geert Hoornaert nel suo articolo « Banalizzazione dei discorsi che uccidono » , la funzione della parola è sempre stata percepita per la sua capacità di deviare la violazione all’integrità fisica. Noi sosteniamo invece che ci sono delle parole che uccidono, in quanto le parole impattano il corpo anche quando scivolano sulla corazza della nostra indifferenza e che questa forza della parola chiama in ritorno una responsabilità dell’oratore, soprattutto quando la parole si fa pubblica.

Dappertutto in Europa, il mondo dell’odio si infiamma. E se scegliamo di esprimerci nello spazio pubblico è perché crediamo che siamo in uno stato di urgenza. Assistiamo a questo ritorno dell’odio dell’altro sotto le forme più insidiose, nel nostro stesso Paese, e al di là delle nostre frontiere – nonostante siano divenute, nel progetto europeo che continuiamo a voler vettore di alti valori democratici, luoghi di scambio piuttosto che barriere. Gli spostamenti forzati di popolazioni moralmente o fisicamente distrutte da conflitti locali, i drammi climatici o ancora l’impoverimento economico, offrono a delle oscure politiche, l’opportunità di una strumentalizzazione delle migrazioni per un profitto elettorale inquietante.  

Cosa anima i portavoce di parole che uccidono? Il gusto del potere o la forza dell’odio dell’altro?

Le prossime elezione europee saranno determinanti per sapere se gli elettori sceglieranno la via responsabile di una più grande integrazione – osando prendere nello stesso tempo il rischio dell’apertura all’altro nella sua differenza. Oppure sceglieranno la via nazionalista del ripiegamento su sé stessi, sulla propria piccola differenza che trova origine nell’odio dell’altro. Il Dr Lacan indicava, già nel ’68, che si trattava del problema più scottante dell’epoca. Lo psicanalista francese annunciava che « gli uomini si trovano in un tempo che chiamiamo planetario » (2) nel quale si effettuerà il passaggio di un mondo all’altro, quello simbolizzato dall’Impero e la sua verticalità per andare verso quello degli imperialismi demoltiplicati in un mondo globalizzato. La questione è allora di sapere « come fare perchè delle masse umane, destinati allo stesso spazio, non solo geografico, ma all’occasione familiale, dimorino separate?» (3)

Perché è proprio qui che si gioca la partita, all’interno della famiglia come nucleo residuo della storia dei popoli. E la famiglia è fatto anche dei discorsi circostanti.
Lo psicanalista non potrà calmare l’odio dell’altro se l’odio di sé si scava nelle famiglie nella misura in cui i discorsi pubblici si fanno immorali . Sappiamo quanto la pulsione di morte freudiana è irresistibile. Jacques- Alain Miller nella sua battaglia durante le elezioni presidenziali francesi ha indicato che nel desiderio espresso da alcuni che « tutto questo esploda una volta per tutte », risiede la pulsione di morte legata al godimento dell’auto-distruzione, al «desiderio spaventoso di abbandonarsi nelle braccia della mostruosa Valchiria ! » (4)

Perchè quando il politico proferisce queste parole ingannevoli, è animato dalla sua propria volontà di mettere fine alla nostra umanità, al desiderio che ha preceduto la sua nascita, desiderio che egli vorrebbe cosí puro. È in questa causa oscura che l’oratore si inabissa definitivamente.  

Traduzione: Elena Madera


(1) ZADIG, Zero abjection democratic international group, Movimento lacaniano mondiale creato da Jacques-Alain Miller nel maggio 2017.
(2) Lacan Jacques, “Allocuzione sulle psicosi del bambino”, Altri Scritti.
(3) Ibid
(4) Nel suo testo “La querelle du Votutile” apparso il 22 marzo 2017 nel numero 63 di Lacan Quotidien

 

« The Power of Speech » by Dominique Holvoet

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The title of the next European Zadig Forum (1) to be held in Brussels on December 1st 2018, « Discourses that kill », may seem shocking. Did a word ever kill anyone? As Geert Hoornaert recalls in his article « Trivialization of discourses that kill », the function of speech has always been perceived rather in its ability to deflect causing bodily harm. Yet, we argue that there are words that kill, because words impact bodies even when they slide on the shell of our indifferences and what this power of speech calls for in return is a responsibility of the speaker, particularly when the speech is public.

Everywhere in various parts of Europe, the world of hate is igniting. And if we choose to express ourselves in the public space, it is because we believe that the urgency is there. We are witnessing the return of hatred of the other in the most insidious forms, in our own country and beyond our borders – which have become places of exchange rather than barriers in the European project, that we remain committed to high democratic values. The forced displacement of populations morally or physically destroyed by local conflicts, climate tragedies or economic impoverishment, offer somber politics the opportunity to manipulate migration for a disturbing electoral profit.

Is it the taste of power or the power of hate of the other, that animates the megaphones of the words that kill?

The next European elections will be decisive as to whether voters will choose the path responsible for greater integration – daring to take at the same time, the risk of openness to the other in its difference. Or will they choose the nationalist path of withdrawal, on its small difference that finds its source in the hatred of the other. In 1968, Dr. Lacan said that this was the most burning problem of the time. The French psychoanalyst announced, « men engage in a time called planetary » (2) in which the passage from one world to another will take place, from one symbolized by the Empire and its verticality to one of multiplied imperialisms in a globalized world. The question is, « how can we ensure that human masses, doomed to the same space, not only geographically, but occasionally, family, remain separate? » (3)

Because that is where it is played out, within the family as a residual core of people’s history. Moreover, the family is carried by the ambient discourses.

The psychoanalyst cannot appease the hatred of the other if the hatred of oneself deepens in families as the public speeches become immoral. We know how irresistible the Freudian death drive is.  Jacques-Alain Miller in his fight in the French presidential elections said that in the wish expressed by some that « all this explodes once and for all », lodged the death drive related to the jouissance of self-destruction, to the unspeakable desire to abandon oneself in the arms of the monstrous Valkyrie! »(4)

For, when the politician utters these fallacious words, he is animated by his own will to finish his great whole, with our humanity, with the desire that presided over his birth, a desire that he would want so pure. It is in this obscure cause that the orator breaks down definitively.

(1) ZADIG, Zero Abjection Democratic International Group, Global Lacanian Movement created by Jacques-Alain Miller in May 2017.

(2) Lacan Jacques, « Allocution sur les psychoses de l’enfant », Autres Écrits, Paris, Seuil, 1981

(3) Ibid

(4) In particular in his text « la querelle du Votutile » published on March 22, 2017 in the number 63 of Lacan Quotidien

 

Translation by Lorena Hojman Davis

« El poder de la palabra » por Dominique Holvoet

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El título del próximo Foro europeo Zadig (1) que tendrá lugar en Bruselas el 1 de Diciembre, « los discursos que matan », puede parecer chocante. ¿Alguna vez una palabra ha matado a alguien ? Como lo recuerda Geert Hoornaert en su artículo ‘banalización de los discursos que matan », la función de la palabra siempre ha sido percibida por su capacidad para desviar el perjuicio a la integridad física. Sin embrago sostenemos que hay palabras que matan, porque las palabras impactan los cuerpos incluso cuando se deslizan sobre el caparazón de nuestras indiferencias y que ese poder de la palabra crea una exigencia a la responsabilidad del orador, particularmente cuando la palabra se hace pública.

En diversos puntos de Europa, el mundo del odio se incendia. Y si escogemos expresarnos en el espacio público, es porque creemos que la urgencia esta ahí. Asistimos a ese retorno del odio del otro bajo formas más insidiosas, en nuestro país mismo, y mas allá de nuestras fronteras – convertidas no obstante en lugares de intercambio en vez de barreras en el proyecto europeo que seguimos queriendo portador de altos valores democráticos. Los desplazamientos forzosos de poblaciones moralmente y físicamente destruidas por los conflictos locales, los dramas climáticos o incluso la pobreza económica, ofrecen a oscuras políticas la oportunidad de una instrumentalización de migraciones para un provecho electoral preocupante.

¿Es el afán de poder o el poder del odio del otro lo que anima a los portavoces de las palabras que matan?

Las próximas elecciones europeas serán determinantes para saber si los electores elegirán la vía responsable de una mayor integración – atreviéndose así a tomar el riesgo de la apertura al otro con la diferencia que conlleva. O elegirán la vía nacionalista del repliegue sobre sí mismo, sobre su pequeña diferencia que encuentra su origen en el odio del otro. El Dr. Lacan indicaba en el 68 que se trataba del problema más urgente de la época. El psicoanalista francés anunciaba que “ los hombres están inmersos en un tiempo que llamamos planetario” (2) en el que se efectuará el salto de un mundo al otro, del mundo simbolizado por el Imperio y su verticalidad hacia el de los imperialismos multiplicados en un mundo globalizado. Entonces la cuestión es saber “¿cómo hacer para que masas humanas, condenadas al mismo espacio, no solamente geográfico, sino en esta ocasión familiar, permanezcan separadas?” (3)

Ya que es justo ahí donde se decide, en el seno de la familia como núcleo residual de la historia de los pueblos. Y la familia es apoyada por los discursos dominantes.

El psicoanalista no podrá calmar el odio del otro si el odio de sí mismo se profundiza en las familias a medida que los discursos públicos se hacen inmorales. Sabemos cuánto la pulsión de muerte freudiana es irresistible. Jacques-Alain Miller, en su combate en el momento de las elecciones presidenciales francesas, indicó que el deseo expresado por algunos que « todo esto estalle de una vez por todas », se alojaba en la pulsión de muerte ligada al goce de autodestrucción, al “deseo infame de abandonarse en los brazos de la monstruosa Valkyria !” (4)

Cuando el político profiere esas palabras falaces, está animado por su propia voluntad de acabar con todo, con nuestra humanidad, con el deseo que presidió a su nacimiento, un deseo que quisiera tan puro. En esa causa oscura cae el orador definitivamente en el abismo.

Trad. : Alba Cifuentes Suarez

(1) ZADIG, Zero abjection democratic international group, Movimiento lacaniano mundial creado por Jacques-Alain Miller en mayo de 2017.

(2) Lacan J, Alocución sobre las psicosis del niño (1967), “Otros Escritos”, Paidós, pg. 383.

(3) Ibid.

(4) En su texto « La querelle Votutile » publicado el 22 de marzo de 2017 en el numero 639 de Lacan Quotidien

« En un banco público: la desfachatez del odio a cielo abierto » por Patricia Bosquin-Caroz. Para ZADIG

Ustedes ya la conocen, porque fue presentada recientemente : Kinga Göncz, psiquiatra y psicoanalista, política húngara, ex-Ministra de Asuntos Sociales y de Relaciones Exteriores, ex miembro del Parlamento Europeo. Actualmente, es profesora visitante en la Universidad de Europa Central y profesora en la Escuela de Política Pública. Es una mujer de acción, valiente y comprometida.

Además; es con consternación que acabamos de descubrir en las redes sociales que Kinga Göncz fue recientemente y de forma escandalosa atacada por los insultos raciales, el misoginismo y el antisemitismo : se han escrito locuras sobre ella en un banco público para pedir su ejecución. Las palabras empujan al acto, lo sabemos, destilando a cielo abierto el descaro del odio, al diferente.

Ya fue nuestra invitada al Fórum sobre el populismo que tuvo lugar hace más de un año en Pipol  8. Al comienzo de su intervención, fue irónica al respecto : « ¡el 100% de nuestros votantes votan por nosotros ! ». Se planteó la cuestión del humor como arma posible contra el populismo. De hecho, ¿qué arma discursiva podemos utilizar contra un lenguaje que prohíbe el equívoco, la dialéctica, la conversación, apreciados por la democracia liberal ?.

Me gustaría compartir con ustedes un extracto de su intervención en nuestro Congreso Pipol 8, que es hoy más candente que nunca.

« El mundo occidental en el siglo XX, después del trauma de las guerras y de los regímenes totalitarios, había llegado a un consenso sobre la elección de la democracia liberal  como sistema político. Todos sabemos, racionalmente, que esto ha dado lugar a más libertad, un mayor desarrollo económico y un entorno social más seguro… Mientras la mayoría de la sociedad disfruta de estos beneficios y los ve, la democracia liberal funciona bastante bien. Pero el riesgo de una regresión en nuestra historia evolutiva está siempre presente. Lo mismo ocurre en la psicología individual : la personalidad madura y autónoma puede integrar los aspectos positivos y negativos de si mismo y del objeto, ver el entorno que lo rodea de manera reflexiva, controlando la realidad. Pero, también tenemos tendencia a volver a una fase anterior del desarrollo ante una situación psicológicamente difícil. Lo que vemos a nuestro alrededor, es eso :

– la globalización amenaza las comunidades y las identidades,

– las personas buscan de nuevo identidades positivas fuertes, basadas en grupos,

– después de la complejidad y racionalidad de la democracia liberal, las personas están abiertas a respuestas fáciles,

– la crisis financiera y económica de la última década ha creado incertidumbre, miedo de perder el trabajo y posiciones sociales,

– las personas tienden a aceptar las explicaciones de los populistas, buscando chivos expiatorios, lo que les permite descargar sus responsabilidades.

El populismo se basa en la división, dividiendo de nuevo el mundo en blanco y negro, «bien » y « mal », « nosotros », y los « otros ». Un pánico moral, utilizado de manera estratégica por los dirigentes populistas, identifica a los « otros » como la fuente de las amenazas. Los mismos dirigentes – provocan un pánico moral – prometen protección contra esta amenaza y una identidad fortalecida e idealizada, diferenciando a sus seguidores de los « otros ». Crean una visión del mundo falsa y simplificada, aliviando la carga de la complejidad y la incertidumbre. El líder y sus partidarios se reúnen directamente a través de las redes sociales y en los foros de comunicación política. Las instituciones que actúan como mediadoras: los medios de comunicación independientes entre ellas y la búsqueda de explicaciones racionales y lógicas para la complejidad del mundo ya no son consideradas necesarias. El líder es legitimado por los votos de la mayoría, considerándose como el único representante auténtico del pueblo. El público – manipulado y movilizado por las emociones, como resultado de la falsificación de la realidad, acepta la política autoritaria del gobernante. Vemos una regresión de masa en torno al líder. No existe un lenguaje común entre la democracia liberal y el populismo, y esto hace que la democracia liberal sea totalmente impotente en la lucha contra el populismo : la democracia liberal acepta el resultado de unas elecciones democráticas, incluso si los populistas ganan. Los populistas piensan que la democracia sólo funciona si ellos son los ganadores. La elección perdida no es legítima para ellos. La democracia libre trata de utilizar argumentos racionales, hechos contra el populismo, cree en el diálogo, incluso con sus oponentes. Para los populistas, no existe la oposición, sino enemigos que no son legítimos ».

Desde entonces, vemos un aumento de los partidos populistas, e incluso un auge en algunos países europeos y al otro lado del Atlántico.

Kinga volverá a ser nuestra invitada en el Fórum de Bruselas sobre los discursos que matan, de los que sabe íntimamente adónde pueden llevar las pasiones humanas más oscuras y regresivas cuando están al mando, sin represión alguna. La recibiremos con el respeto que se merece.

Traducción: Norma Balverdi Lafuente

 

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Dirección: Université de St. Louis, Sala OM 10

6, rue de l’Ommegang, 1000 Bruselas

Traducción simultánea al francés, holandés e inglés

Horario: 9h – 19h

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« Su una panchina: il fiele dell’odio a cielo aperto » da Patricia Bosquin-Caroz. Per ZADIG

La conoscete già, perché è stata presentata di recente: Kinga Göncz. Psichiatra e psicoanalista, politica ungherese, ex ministro degli Affari sociali e degli Affari esteri, ex membro del

Parlamento europeo. Attualmente è professore invitato all’università dell’Europa centrale, insegnante alla scuola di politica pubblica. È una donna d’azione, coraggiosa e impegnata.  

Così, scopriamo con costernazione dalla rete sociale che Kinga Göncz è stata di recente attaccata oltraggiosamente dall’insulto razziale, misogino e antisemita: su una panchina sono state scarabocchiate su di lei delle oscenità che chiedevano la sua esecuzione. Le parole spingono all’atto, lo sappiamo, distillando a cielo aperto il fiele dell’odio per l’altro, per ciò che è differente.

Kinga Göncz è già stata nostra ospite al forum sul populismo che ha avuto luogo più di un anno fa a PIPOL 8. All’inizio del suo intervento aveva ironizzato a proposito di questo:  « il 100 % dei nostri elettori vota per noi!». Si poneva la questione se l’humour fosse un’arma possibile contro il populismo. In effetti, di quale arma discorsiva possiamo servirci contro una lingua che bandisce l’equivoco, la dialettica, la conversazione, care alla democrazia liberale ?

Vi consegno un estratto del suo intervento al nostro congresso, di una attualità più che mai scottante.

«Il mondo occidentale nel XX secolo – dopo i traumi delle guerre e dei regimi totalitari – era arrivato ad un consenso sulla scelta della democrazia liberale come sistema politico. Tutti sappiamo, razionalmente, che questo ha creato più libertà, uno sviluppo economico più elevato ed un ambiente sociale più sicuro… Fino a quando la maggioranza della società gode di questi benefici e li vede, la democrazia liberale funziona abbastanza bene. Ma il rischio di una regressione nella nostra storia evolutiva è sempre presente. Succede lo stesso nella psicologia individuale: la personalità matura e autonoma può integrare gli aspetti positivi e negativi di sè e dell’oggetto, vedere l’ambiente circostante in modo responsabile, controllando la realtà. Ma, in una situazione psicologicamente difficile, abbiamo la tendenza a ritornare ad una fase di sviluppo anteriore. Ciò che vediamo intorno a noi è :

  • la mondializzazione minaccia le comunità e le identità,
  • le persone cercano di nuovo delle identità positive forti, basate sui gruppi,
  • dopo la complessità e la razionalità della democrazia liberale, le persone sono aperte a facili risposte,
  • la crisi finanziaria ed economica dell’ultimo decennio ha creato incertezze, la paura di perdere il lavoro e la posizione sociale,
  • le persone tendono ad accettare le spiegazioni dei populisti, alla ricerca di capri espiatori, che permette loro di liberarsi dalle proprie responsabilità.

Il populismo è fondato sulla scissione, che divide di nuovo il mondo in bianco e nero, “il bene” e il “male”, il “noi” e gli “altri”. Un panico morale, utilizzato in modo strategico dai capi populisti, identifica gli “altri” come la fonte della minaccia. Gli stessi dirigenti – provocando un panico morale – promettono una protezione contro questa minaccia ed una identità rinforzata e idealizzata. Distinguono i loro adepti dagli “altri”. Essi creano una visione del mondo falsa e semplificata, alleggerendo l’onere della complessità e dell’incertezza. Il leader e i seguaci si incontrano direttamente attraverso i social media e nello spazio della comunicazione politica. Le istituzioni, mediatrici fra loro – i media indipendenti – alla ricerca di spiegazioni razionali e logiche, a immagine di un mondo complesso, non sono più necessari. Il leader è legittimato dai voti della maggioranza, si considera il solo rappresentante autentico del popolo. Le persone, manipolate e mobilitate dalle emozioni, attraverso un falso realismo, accettano le tendenze autoritarie del capo. Constatiamo una regressione di massa attorno ad un capo. Non c’è linguaggio comune fra democrazia liberale e populismo, e questo rende la democrazia liberale totalmente impotente nella lotta contro il populismo: la democrazia liberale accetta il risultato di una elezione democratica, anche se i populisti prevalgono. I populisti pensano che la democrazia non funzioni, a meno che essi non siano i vincitori. L’elezione perduta non è legittima per loro. La democrazia liberale tenta di utilizzare argomenti razionali, dei fatti contro il populismo, crede al dialogo, anche con i suoi oppositori. Per i populisti non esiste opposizione, ma dei nemici che non sono legittimi».

Da allora assistiamo ad una spinta dei partiti populisti, vale a dire al loro apogeo in alcuni paesi europei e al di là dell’Atlantico.

Kinga sarà ancora nostra ospite al forum di Bruxelles sui discorsi che uccidono, poiché ella sa intimamente dove le passioni umane più oscure e regressive possono condurre quando l’Es è al comando, in assenza di ogni limite. Noi l’accoglieremo con i riguardi che merita.

Traduzione: Marianna Matteoni

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Indirizzo: Université de St. Louis, Sala OM 10

6, rue de l’Ommegang,

1000 Bruxelles

Traduzione simultanea in francese, olandese e inglese

Orario: 9.00 – 19.00

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